Dar continuidad al proyecto de Revolución Integral

Dar continuidad al proyecto de

Revolución Integral

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Este es el título de la sugestiva propuesta que plantea Félix Rodrigo Mora. En esta presenta un resumido análisis de las circunstancias actuales, trata los elementos estratégicos principales, formula la necesidad de elaborar un manifiesto, recalca la urgencia de la autoconstrucción personal, para acabar exponiendo sinceramente su situación particular y sus metas.

Asimismo, se ha comentado que probablemente este otoño se llevará a cabo un nuevo Encuentro de reflexión sobre Revolución Integral. Una nueva oportunidad para desarrollar nuestros argumentos y materiales que traten las grandes cuestiones del presente, con vista al futuro, además de que surjan nuevas relaciones y proyectos valiosos.

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Transcendencia y espiritualidad

Transcendencia y espiritualidad

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La palabra transcendencia o trascendencia se puede entender como importancia o relevancia de cualquier cosa. También significa ir más allá, superar lo inmediato, lo material o lo cotidiano. Por último, este concepto se ha utilizado para referirse a lo divino o aquello que no es de este mundo.

La palabra espiritualidad deriva de espíritu, refiriéndose a los aspectos inmateriales de la persona, que junto a lo material componen su ser. Se puede entender como la suma de los elementos morales, psicológicos y culturales. Ídem se ha utilizado como sinónimo de alma, igual que para identificar esta realidad ontológica como un ente independiente del cuerpo y, por consiguiente, con cualidades sobrenaturales.

Por desgracia lo común hoy día es el rechazo de todo componente espiritual. Ya el materialismo, el racionalismo y el progresismo modernos empezaron este aciago camino. Mas fueron continuados por las diferentes corrientes burguesas, cientifistas, positivistas, izquierdistas, fisiologistas y tecnófilas hasta la fecha. Consecuentemente lo predominante en la actualidad son la superficialidad, la frivolidad, el vacío ético, el derrumbe del individuo, así como una pérdida casi completa de ideales y metas inmateriales.            

Esto se traduce en seres desustanciados, míseros y miedosos, carentes de valía-calidad. Los ideales como la libertad, la verdad, el amor, el apoyo mutuo, el sacrificio, la belleza, el heroísmo o la justicia son preteridos. Pese a que todos ellos tienen una traslación en el mundo material, primero existen como ideas e ideales. Más aún, es el esfuerzo de cada persona por perseguirlos y defenderlos lo que los constituye, y, por ende, le lleva a materializarlos y convertirlos en actos.

Ergo el olvido o rechazo del cultivo de las propias dimensiones trascendentes del sujeto provoca que sólo existan personas preocupas por sí mismas. Seres débiles, ininteligentes, inútiles, manipulables,… que están únicamente interesados en lo material; esto es en el dinero, la comodidad, la felicidad, los placeres, el bienestar,… Y cuando pretenden salir de esta situación les es imposible, o sus logros son parcos, dadas sus propias carencias y la tremenda oposición del entorno.

Puede haber infinitas formas de espiritualidad y maneras de entenderla, unas mejores y otras peores. Lo que aquí se trata y propone es una espiritualidad natural, abierta a diversas expresiones e interpretaciones, no obstante autoconstruida. De este modo, ésta puede, si así se elige, coexistir y desarrollarse a la par con dimensiones religiosas o de otro tipo, como explica el filósofo libertario Heleno Saña.

Si bien es necesario precaver de las corrientes dualistas, como el platonismo o el maniqueísmo, que pretenden separar el cuerpo del alma. Normalmente estas buscan elevar lo espiritual para degradar lo físico, despreciando lo carnal. Sin embargo el cuerpo y sus funciones son algo grandioso, a cuidar, querer y mejorar. El fin de estos dualismos es apoyar y/o establecer unas élites pensantes y mandantes por encima de los trabajadores manuales, quienes son rebajados a meros esclavos. Pero esto ha sido contestado por diversas corrientes, verbigracia el cristianismo original.

En el presente la psicología se ha desarrollado como ciencia moderna que estudia el “alma” humana, puesto que psique- se traduce del griego como alma o actividad espiritual del ser. No obstante son obvias las deficiencias de la psicología, como del resto de ciencias. El enfoque cartesiano de dividir las ciencias para centrarse en la parte y olvidar el todo es incorrecto. Igual que la aproximación newtoniana a la realidad, que pretende estudiar los fenómenos naturales aislando-simplificándolos, con el fin de centrarse sólo en determinadas variables a la vez que “desecha” el resto.

Lo cierto es que la psicología, junto con las demás ciencias, métodos y técnicas modernas, ha realizado dos funciones esenciales: por un lado contribuir en la destrucción del sujeto, participando en el aniquilamiento de los elementos éticos, intelectuales, volitivos, emocionales, relacionales, históricos y culturales que estructuraban al individuo popular premoderno; por otro, ha aportado procedimientos, ideas y mecanismos alternativos que permitieran, dentro de lo posible, la adaptación de este sujeto tarado y patológico a la nueva sociedad, a un sistema indudablemente antihumano.

A pesar de ser economistas, C. Laval y P. Dardot con gran lucidez identifican esta devastación de la persona, la cual atribuyen principalmente al desarrollo del capitalismo. Comentan en La nueva razón del mundo que la liquidación de las dimensiones culturales, sexuales, morales,… del pasado ha permitido al sistema vigente crear una sociedad donde hasta “la identidad se ha convertido en un producto consumible”.

Empero el Estado es realmente el mayor responsable de la nulificación del sujeto, del mismo modo que creó y mantiene el capitalismo. Como centro de poder militar, político, económico, tecnológico,… persigue la maximización de su autoridad y dominio, tanto en el exterior (conflictos, guerras y alianzas) como en el interior (destruir toda oposición y manipular para ganar afecciones). 

Así pues, las élites aspiran a eliminar toda hostilidad o resistencia posible mediante la trituración de nuestro ser para poder controlarnos a la perfección. Nos crean en serie según patrones que ellos mismos establecen para convertirnos en esclavos programados. Por ejemplo, promueven la idea de felicidad, de búsqueda placeres y abundancia material, por lo que crean personas egocéntricas, sin ideales y que reniegan de toda aspiración transcendente.

En cambio, no debe haber lugar para el victimismo. La mayoría somos corresponsables de esta situación, pues participamos en el sistema y no nos enfrentamos a la aniquilación de lo humano en marcha. Somos culpables por omisión y cómplices en nuestra propia devastación.

Asimismo se perpetúa la destrucción del entorno natural, en parte debido a que necesitamos más cosas para llenar nuestro vacío interior. La espiritualidad conlleva la frugalidad y el apreciar las dimensiones inmateriales, en consecuencia un consumo mínimo, y por ende un medio ambiente vital y esplendoroso.

De forma natural nacemos con multitud de cualidades físicas e inmateriales, como seres complejos e integrales. El olvido o denigración de cualquiera de ellas provoca castraciones con resultados fatales. La prueba son las innumerables patologías (depresión, delincuencia, adicciones,..) que asolan nuestras sociedades.

Ergo si lo que se persigue es la lucha por la libertad, la verdad, el amor mutuo,… y luchar contra nuestra propia destrucción, solamente pueden efectuarse si el individuo tiene las suficientes capacidades autoconstruidas para hacerlo. Capacidades o virtudes como la voluntad, la fortaleza, la sensibilidad, la inteligencia, la templanza, la creatividad, la paciencia, el sacrificio,… Todas imprescindibles para aquel que quiera transformar la realidad social.

Es más, si no se quiere vivir en un régimen totalitario, basado en la jerarquía autoritaria, el control-vigilancia y la manipulación mental, son indispensables el esfuerzo y la voluntad de cada uno para autoconstruirse y poder ser por uno mismo, sin delegación ni ayudas, aunque junto a nuestros iguales.

Esta autoconstrucción sólo puede llevarse a cabo si se toma conciencia de la importancia de estas capacidades espirituales, y si se establece el compromiso y la determinación para su desarrollo.

Todavía más, esa transformación espiritual individual, idealmente, deberá ir acompañada de otras personas que también se autoconstruyan. De este modo se lograrán mayores resultados y a la vez se convertirá en transformación social.

En suma, la palabra transcendencia nos invita a salir de lo ordinario, de lo pequeño, para preocuparnos de lo importante. Anhela la grandeza de lo humano, la búsqueda de los bienes espirituales y el esfuerzo por desarrollar la virtud personal. Una revolución individual y colectiva a través de una interminable lucha por el bien finito.

Autoconstrucción del yo

Autoconstrucción del yo

Este es el título de la imprescindible charla que realizó Félix Rodrigo Mora en Mallorca en 2015. Puede servir de gran ayuda a todo aquel que pretenda mejorar como persona, es más, a todo aquel que quiera ser por sí mismo. Los siguientes dos textos que cita pueden valer como prólogo a ésta: Infierno convivencialMovilización, autoorganización popular y ética de la responsabilidad.

Se aconseja ver la charla varias veces, reflexionando sobre lo expresado. Esta sólo dura desde el minuto 8 hasta el minuto 60, siendo el resto del vídeo trivial.

Propuestas para la mejora de la persona y su resultante, la convivencia

Propuestas para la mejora

de la persona y su resultante,

la convivencia

De valor incalculable son las reflexiones de Sócrates que recoge el amigo Jesús Franco Sánchez. Son un reflejo de cómo con un número ínfimo de palabras es posible decir muchísimo y de tan gran importancia.

Éstas nos ayudaran a: buscar la verdad para saber qué es lo correcto y actuar en consecuencia, mediante el esfuerzo por la virtud.

¿Nación y revolución?

¿Nación y revolución?

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Como expliqué anteriormente, a día de hoy el concepto de nación contiene rasgos negativos. No obstante, quizá esta palabra se pudiera purgar de las connotaciones nocivas y dotar de un significado revolucionario positivo. En parte esto lo realiza con éxito Laia Vidal en un reciente escrito.

Mas con el fin de realizar una pequeña aproximación a esta cuestión político-cultural, considero imprescindible plantear como sería una sociedad futura en la que la libertad, la verdad, la convivencia, la naturaleza, el esfuerzo, la sublimidad,… se convirtieran en sus fundamentos.

Como es obvio, la democracia sólo existe cuando la persona es responsable de sus principales dimensiones y necesidades vitales, participando y decidiendo a través de asambleas locales omnisoberanas. Esta esfera asamblearia vecinal ha de ser la que legisle, juzgue y ejecute, igual que se encargue de su autodefensa. Se puede afirmar que esta “aldea” asamblearia-comunal es el fundamento de la libertad, donde el individuo se auto-gobierna junto a sus iguales.

En sociedades complejas con esto no basta, luego estas asambleas se constituyen en regiones o comarcas libremente, por razones geográficas, culturales, históricas,… Por supuesto, todos los acuerdos son libres y heterogéneos, aunque en ocasiones determinadas hay que tomar decisiones por mayoría. Este nivel político es menos decisivo que el anterior, aunque también muy importante, ya que el individuo se constituirá y vivirá principalmente dentro de este entorno. A veces estas comarcas se podrán unificar política, económica, militar y/o culturalmente, lo cual conllevará aspectos positivos y negativos.

El siguiente nivel es el que nos interesa especialmente en este texto, puesto que las comarcas se unirían entre sí cuando fuera necesario para concretar pactos. Estas juntas de asambleas comarcales ocuparían el espacio de las actuales provincias, comunidades, principados, estados, países… Estas juntas supra-comarcales pueden coincidir con etnias, culturas, razas, territorios, pueblos, naciones,… o  puede que no lo hagan; puede que, verbigracia, sean sólo una parte de una etnia o puede que sean una mezcla de muchas.

Estas juntas se podrían llamar nacionales, o naciones directamente. A mi parecer si este ente político se definiera como nación habría que lidiar con un peligro fundamental: que la nación se convirtiera en elemento cultural y fuente de legislación, por tanto de soberanía, principal. No sólo asistiríamos a una homogeneización y empobrecimiento cultural temerarios, sino que abriría las puertas a la aparición de unas nuevas élites políticas.

Si lo determinante es el sujeto y la comunidad local auto-gestionada, éstos, mas luego la comarca, deben tener la capacidad de actuar y establecer la legislación (escrita o no) que ellos consideren. Así podrán actuar libremente y llegar a acuerdos con quien prefieran, dentro o no de su comarca, o juntas-nación. En suma, lo supra-comarcal o nacional debería situarse en cuarto lugar en cuanto a relevancia política.

Lo central siempre es el sujeto, que con esfuerzo se autoconstruye y es capaz de ser por sí. Antes que castellano, gallego, andaluz,… el sujeto es él mismo, un ser con grandes capacidades, aunque también con limitaciones, pero infinitamente perfeccionable. Dentro de este paradigma democrático, la ética predominaría ampliamente sobre el derecho, así pues el individuo es el actor político-social cardinal, por encima de cualquier otro.

Es más, tampoco sería este nivel supra-comarcal el último. El localismo y una pobre visión estratégica pueden mandar al traste el mejor de los proyectos. En cambio, una perspectiva integral y universalista será lo que determine su éxito. Por ejemplo, en la Península Ibérica deberán gestarse pactos entre las diferentes juntas resultantes que solidificaran la cosmovisión que se persigue, lo mismo que a nivel de Europa. Y, asimismo, con el resto de pueblos del mundo que compartan los valores positivos de la cultura universal. Esto define, al menos, siete niveles políticos diferenciados, los cuales todo proyecto revolucionario tiene que plantearse.

¿La revolución que viene?

Es sabido que lo necesario es generar una cosmovisión, unos valores y, sobre todo, unas prácticas que nos permitan desarrollar una verdadera revolución, recogiendo lo positivo del pasado. Por tanto, aunque en ocasiones haya que defender dimensiones culturales o políticas de significación histórica, la gran tarea que hemos de marcarnos es proyectar y crear el futuro. Esto es autoconstruirnos y construir la nueva sociedad que anhelamos, adaptando lo bueno del pasado al ahora, no copiando, e ingeniar nuevas soluciones para el futuro.

Por desgracia los proyectos de transformación actuales, reales e imaginados, se basan demasiado en los paradigmas del presente. Plantean alternativas que sean compatibles, o al menos fácilmente realizables, con y dentro de las realidades sociales existentes. Esta inmediatez y pobreza reflexiva se deben al posibilismo y pragmatismo comunes hoy día. Opuestamente, la revolución se ha de nutrir de la creatividad, el heroísmo, la grandeza, la fortaleza, la épica y la inteligencia estratégica.

En realidad ninguna transformación cualitativa del ser humano concreto, su cosmovisión o sus formas de vida podrá realizarse mayoritariamente a corto plazo. Y esto es así porque para ello será necesaria por un lado la desaparición, o al menos el debilitamiento a gran escala, del poder-poderes y de los valores negativos que dominan el mundo, y por otro la existencia fáctica de un proyecto revolucionario capaz de gestar un nuevo ser humano y una nueva sociedad. Sin duda esto no ocurrirá, si es que ocurre, hasta como poco dentro de dos o tres siglos.

Sabiendo esto, lo urgente es construir ese proyecto, cada cual desde su origen y cultura, a fin de estar listos cuando se den las circunstancias. En los próximos años debemos poner los primeros ladrillos de un edificio que esperemos se construya en el futuro, pues sin éstos no habrá futuro para lo humano.

En la revolución de la Alta Edad Media se generaron realidades culturales radicalmente nuevas como Cataluña, Castilla, Navarra, Aragón,… que se formaron a partir de la revolución ocurrida en la antigua Vasconia, siglos V-VIII. En primera instancia se conformó un proyecto de transformación social, Vascón-Bagauda-Cristiano, que fue la génesis de las creaciones posteriores. Por lo que en esta ocasión vemos que el proyecto se fragua durante tres siglos para después dar lugar a los diversos pueblos del norte. No obstante, Euskal Herria conservó la lengua propia y algunas costumbres, tradiciones,… aunque éstas se modificaron mediante una reinterpretación de lo pretérito. En conclusión, en ocasiones es posible revolucionar las sociedades manteniendo determinados aspectos culturales y en otras se requiere una mayor creatividad.

Las culturas de los diferentes pueblos de la Península Ibérica son lo suficientemente ricas y contienen sin duda numerosos elementos positivos aprovechables para integrarse en una futura revolución; véase el comunal y el mundo que lo rodeaba. En consecuencia, la recuperación y reinterpretación de éstas son una gran meta. Sin embargo, estos pueblos prácticamente las han olvidado y el Estado-Capital casi las ha exterminado por completo. Sólo el amor por ellas y el esfuerzo de cada pueblo por actualizarlas será lo que las salve de su extinción. Para ello han de recuperar todo lo positivo creativamente, además de aportar nuevas ideas-ideales y prácticas que superen las carencias del pasado y respondan a las exigencias del presente-futuro.

Así pues, es hacedera, por así decirlo, una revolución integral catalana, canaria, murciana,… pero lo fundamental es la revolución en sí. Ahora, si bien grandiosa, la revolución integral es poco más que una idea, una abstracción. Ergo los mayores esfuerzos deben ir dirigidos a materializar y construir con hechos la revolución, tanto en su desarrollo propositivo y cosmovisión, como, sobre todo, en la práctica. Por tanto, apoyaré y serán positivas todas las formas de entender una revolución integral que se enraícen en lo bueno de su sustrato cultural. Empero lo urgente es hacer realidad la revolución y al sujeto revolucionario, empezando por crear comunidades fraternales revolucionarias. Esta es mi meta personal, la cual deseo perseguir de manera colectiva, mas de no poder ser así, lo seguiré haciendo de forma individual.

II Encuentro de reflexión sobre Revolución Integral. Recopilación de textos

II Encuentro de reflexión sobre

Revolución Integral.

Recopilación de textos

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Se acaba de publicar el libro “II Encuentro de reflexión sobre Revolución Integral. Recopilación de textos”.

Gracias a sus diversos autores, y al gran trabajo de Sofía, podemos disfrutar de esta recopilación de textos. Su precio es de 12 euros, aunque es posible su descarga gratuita pdf.

Sofía comenta que este es el primero de los trabajos que salen con el sello editorial que ha creado para seguir con esta labor de publicar aquellas obras para las que sus autores no encuentren editorial y quieran contar con su colaboración. Nace con este libro Xeito ediciones (xeitoediciones@gmail.com). Y se puede pedir el libro a través de este email.