Apuntes sobre el Cristianismo

Apuntes sobre el Cristianismo

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Recientemente el amigo Jesús Franco ha publicado Diferenciar el Cristianismo de la Iglesia, el cual, como su título indica, aboga por la verdad y, a través de la objetividad, por recuperar lo positivo del cristianismo.

En la misma dirección se dirige el texto de Félix Rodrigo Mora Revolución Bagauda y arte medieval, igual que “Sobre la religión”. Carlos Marx y Federico Engels – La Habana 1963.

este hombre cree saber algo y no lo sabe, 

en cambio yo, así como, en efecto, no sé, 

tampoco creo saber

Sócrates

 

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Transcendencia y espiritualidad

Transcendencia y espiritualidad

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La palabra transcendencia o trascendencia se puede entender como importancia o relevancia de cualquier cosa. También significa ir más allá, superar lo inmediato, lo material o lo cotidiano. Por último, este concepto se ha utilizado para referirse a lo divino o aquello que no es de este mundo.

La palabra espiritualidad deriva de espíritu, refiriéndose a los aspectos inmateriales de la persona, que junto a lo material componen su ser. Se puede entender como la suma de los elementos morales, psicológicos y culturales. Ídem se ha utilizado como sinónimo de alma, igual que para identificar esta realidad ontológica como un ente independiente del cuerpo y, por consiguiente, con cualidades sobrenaturales.

Por desgracia lo común hoy día es el rechazo de todo componente espiritual. Ya el materialismo, el racionalismo y el progresismo modernos empezaron este aciago camino. Mas fueron continuados por las diferentes corrientes burguesas, cientifistas, positivistas, izquierdistas, fisiologistas y tecnófilas hasta la fecha. Consecuentemente lo predominante en la actualidad son la superficialidad, la frivolidad, el vacío ético, el derrumbe del individuo, así como una pérdida casi completa de ideales y metas inmateriales.            

Esto se traduce en seres desustanciados, míseros y miedosos, carentes de valía-calidad. Los ideales como la libertad, la verdad, el amor, el apoyo mutuo, el sacrificio, la belleza, el heroísmo o la justicia son preteridos. Pese a que todos ellos tienen una traslación en el mundo material, primero existen como ideas e ideales. Más aún, es el esfuerzo de cada persona por perseguirlos y defenderlos lo que los constituye, y, por ende, le lleva a materializarlos y convertirlos en actos.

Ergo el olvido o rechazo del cultivo de las propias dimensiones trascendentes del sujeto provoca que sólo existan personas preocupas por sí mismas. Seres débiles, ininteligentes, inútiles, manipulables,… que están únicamente interesados en lo material; esto es en el dinero, la comodidad, la felicidad, los placeres, el bienestar,… Y cuando pretenden salir de esta situación les es imposible, o sus logros son parcos, dadas sus propias carencias y la tremenda oposición del entorno.

Puede haber infinitas formas de espiritualidad y maneras de entenderla, unas mejores y otras peores. Lo que aquí se trata y propone es una espiritualidad natural, abierta a diversas expresiones e interpretaciones, no obstante autoconstruida. De este modo, ésta puede, si así se elige, coexistir y desarrollarse a la par con dimensiones religiosas o de otro tipo, como explica el filósofo libertario Heleno Saña.

Si bien es necesario precaver de las corrientes dualistas, como el platonismo o el maniqueísmo, que pretenden separar el cuerpo del alma. Normalmente estas buscan elevar lo espiritual para degradar lo físico, despreciando lo carnal. Sin embargo el cuerpo y sus funciones son algo grandioso, a cuidar, querer y mejorar. El fin de estos dualismos es apoyar y/o establecer unas élites pensantes y mandantes por encima de los trabajadores manuales, quienes son rebajados a meros esclavos. Pero esto ha sido contestado por diversas corrientes, verbigracia el cristianismo original.

En el presente la psicología se ha desarrollado como ciencia moderna que estudia el “alma” humana, puesto que psique- se traduce del griego como alma o actividad espiritual del ser. No obstante son obvias las deficiencias de la psicología, como del resto de ciencias. El enfoque cartesiano de dividir las ciencias para centrarse en la parte y olvidar el todo es incorrecto. Igual que la aproximación newtoniana a la realidad, que pretende estudiar los fenómenos naturales aislando-simplificándolos, con el fin de centrarse sólo en determinadas variables a la vez que “desecha” el resto.

Lo cierto es que la psicología, junto con las demás ciencias, métodos y técnicas modernas, ha realizado dos funciones esenciales: por un lado contribuir en la destrucción del sujeto, participando en el aniquilamiento de los elementos éticos, intelectuales, volitivos, emocionales, relacionales, históricos y culturales que estructuraban al individuo popular premoderno; por otro, ha aportado procedimientos, ideas y mecanismos alternativos que permitieran, dentro de lo posible, la adaptación de este sujeto tarado y patológico a la nueva sociedad, a un sistema indudablemente antihumano.

A pesar de ser economistas, C. Laval y P. Dardot con gran lucidez identifican esta devastación de la persona, la cual atribuyen principalmente al desarrollo del capitalismo. Comentan en La nueva razón del mundo que la liquidación de las dimensiones culturales, sexuales, morales,… del pasado ha permitido al sistema vigente crear una sociedad donde hasta “la identidad se ha convertido en un producto consumible”.

Empero el Estado es realmente el mayor responsable de la nulificación del sujeto, del mismo modo que creó y mantiene el capitalismo. Como centro de poder militar, político, económico, tecnológico,… persigue la maximización de su autoridad y dominio, tanto en el exterior (conflictos, guerras y alianzas) como en el interior (destruir toda oposición y manipular para ganar afecciones). 

Así pues, las élites aspiran a eliminar toda hostilidad o resistencia posible mediante la trituración de nuestro ser para poder controlarnos a la perfección. Nos crean en serie según patrones que ellos mismos establecen para convertirnos en esclavos programados. Por ejemplo, promueven la idea de felicidad, de búsqueda placeres y abundancia material, por lo que crean personas egocéntricas, sin ideales y que reniegan de toda aspiración transcendente.

En cambio, no debe haber lugar para el victimismo. La mayoría somos corresponsables de esta situación, pues participamos en el sistema y no nos enfrentamos a la aniquilación de lo humano en marcha. Somos culpables por omisión y cómplices en nuestra propia devastación.

Asimismo se perpetúa la destrucción del entorno natural, en parte debido a que necesitamos más cosas para llenar nuestro vacío interior. La espiritualidad conlleva la frugalidad y el apreciar las dimensiones inmateriales, en consecuencia un consumo mínimo, y por ende un medio ambiente vital y esplendoroso.

De forma natural nacemos con multitud de cualidades físicas e inmateriales, como seres complejos e integrales. El olvido o denigración de cualquiera de ellas provoca castraciones con resultados fatales. La prueba son las innumerables patologías (depresión, delincuencia, adicciones,..) que asolan nuestras sociedades.

Ergo si lo que se persigue es la lucha por la libertad, la verdad, el amor mutuo,… y luchar contra nuestra propia destrucción, solamente pueden efectuarse si el individuo tiene las suficientes capacidades autoconstruidas para hacerlo. Capacidades o virtudes como la voluntad, la fortaleza, la sensibilidad, la inteligencia, la templanza, la creatividad, la paciencia, el sacrificio,… Todas imprescindibles para aquel que quiera transformar la realidad social.

Es más, si no se quiere vivir en un régimen totalitario, basado en la jerarquía autoritaria, el control-vigilancia y la manipulación mental, son indispensables el esfuerzo y la voluntad de cada uno para autoconstruirse y poder ser por uno mismo, sin delegación ni ayudas, aunque junto a nuestros iguales.

Esta autoconstrucción sólo puede llevarse a cabo si se toma conciencia de la importancia de estas capacidades espirituales, y si se establece el compromiso y la determinación para su desarrollo.

Todavía más, esa transformación espiritual individual, idealmente, deberá ir acompañada de otras personas que también se autoconstruyan. De este modo se lograrán mayores resultados y a la vez se convertirá en transformación social.

En suma, la palabra transcendencia nos invita a salir de lo ordinario, de lo pequeño, para preocuparnos de lo importante. Anhela la grandeza de lo humano, la búsqueda de los bienes espirituales y el esfuerzo por desarrollar la virtud personal. Una revolución individual y colectiva a través de una interminable lucha por el bien finito.

Propuestas para la mejora de la persona y su resultante, la convivencia

Propuestas para la mejora

de la persona y su resultante,

la convivencia

De valor incalculable son las reflexiones de Sócrates que recoge el amigo Jesús Franco Sánchez. Son un reflejo de cómo con un número ínfimo de palabras es posible decir muchísimo y de tan gran importancia.

Éstas nos ayudaran a: buscar la verdad para saber qué es lo correcto y actuar en consecuencia, mediante el esfuerzo por la virtud.

ESPÍRITU

ESPÍRITU

Si tuviéramos que contestar a la cuestión de qué es el espíritu o la espiritualidad puede que cada uno intuiríamos una definición mas o menos parecida y en ocasiones con grandes diferencias.

Incluso, puede que existan aquellos que niegan la existencia de cualquier realidad espiritual o inmaterial, alegando, imagino, que no existe nada más que la realidad material, particular y medible.

Ahora bien, durante siglos hemos recibido una tradición, tanto directa como por referencias indirectas de otras civilizaciones,  de celebrar, temer, servir, comprender, amar,… un mundo espiritual que nuestros antepasados entendían como real, incluso más importante que cualquier otra realidad.

Por tanto, antes de manejar conceptos, ideas o hipótesis, quiero resaltar la importancia de la tradición y la historia, que es la herramienta más importante para nuestro entendimiento, en la que vemos y sentimos que los hombres que nos precedieron, en mayor o menor medida, comprendían la necesidad existencial de observar, cuidar y cultivar este componente de lo humano.

Después de este importante punto, intentaré aportar una serie de ideas sobre qué entiendo por espíritu y espiritualidad.

En la hipercomplejidad de la mente humana existen procesos perceptivos, cognitivos, emocionales y reflexivos que articulan de manera preciosa distintos grados de consciencia, hasta maravillosamente surgir una consciencia del yo, sobre todo biográfica.

Esta consciencia del yo como ente con una existencia particular, principalmente una capacidad humana, nos permite percibir y entender el mundo y a nosotros mismos como realidades distintas.

Así pues, se establece una diferenciación entre el mundo exterior al sujeto y el mundo interior al que se percibe como del propio individuo.

Esta discriminación de lo externo como material, temporal y cambiante, y lo interno como inmaterial, intemporal y estático o persistente es la cimentación del yo y del espíritu.

Puede no existir esta dualidad o ser más o menos débil, por ejemplo en comunidades humanas con un sentido grupal muy fuerte, lo que puede plantear algún problema o no.

Opino que esta diferencia de concepción de lo espiritual obstruye la construcción de un sujeto potente, virtuoso y plenamente desarrollado.

Esta característica cultural, particularmente desarrollada en occidente, ha potenciado, provocado y favorecido la construcción de un sujeto de mayor calidad y capacidad de comprender la realidad. Por lo que puede haber sido una ventaja estructural-material e inmaterial-estratégica en la expansión de la cultura y el poder del mundo occidental.

Aunque el materialismo, pragmatismo, nihilismo, ateísmo desespiritualizado,  tecnolatría y cienciolatría han destruido la espiritualidad y a sí mismo desolado lo humano, siendo consecuencia de la voluntad de poder e hiperdominación.

Esta división inmaterial-interior-consciente y material-exterior-sensitiva se realiza y construye con o sin otros sujetos espirituales que puedan acompañar al individuo.

La riqueza y el desarrollo del espíritu debe ser un trabajo individual, e imprescindiblemente dentro de una comunidad de iguales, para lograr potenciar y engrandecer a cada una de sus personas.

La relación con los demás es una necesidad espiritual y es la mayor fuente de gratificaciones para el individuo (citando a Félix Rodrigo Mora).

Por tanto, este puede que sea nuestro mayor reto, construir nuestro espíritu sobre la base de la convivencia, el esfuerzo y el amor a los iguales que tenemos a nuestro alrededor.

Libertad

Escrito por J.F.E. Maenza

Mi primer artículo siento deber dedicarlo a la libertad puesto que su ausencia e importancia es obvia. Idea valorada en el pasado y olvidada en el presente, tenemos la obligación de recuperarla de la historia.

Ha habido luchas importantes en los últimos siglos, sobre todo en la Península Ibérica, aunque desde las últimas sociedades que la conocieron más de cerca y la apreciaron en la Alta Edad Media, ha ido decreciendo la fuerza con la que se defendía.

También deberíamos recordar la lucha de Espartaco, pero en esta ocasión prefiero traer a la memoria un espíritu nuestro, que aunque ya olvidado, me emocionó conocerlo. Éste fue el de los Cántabros que resuena en la historia como pueblo indómito. El cónsul romano Mancino decía de ellos: “Los cántabros, ya vencían con solo su fama”.

Desde aproximadamente el año 50 a.c., solamente los cántabros y los astures mantenían la independencia frente a Roma, y debido a su resistencia Cantabria queda encuadrada en la provincia Citerior, bajo el control directo del emperador César Augusto que se presenta, precisamente ese mismo año (27 a.c.), en tierras cántabras.

Las guerras cántabras empezaron el año 29 aC y acabaron diez años después. La unión de los cántabros, astures y vacceos, junto a otras tribus pequeñas de las montañas del norte de España en busca de su independencia, hicieron que se enfrentaran con dureza contra el gran Imperio Romano.

“El cántabro, invencible ante el frío, el calor y el hambre, se lleva antes que nadie la palma en toda clase de trabajos. ¡Admirable amor a su pueblo! Cuando la inútil edad senil comienza a encanecerle, pone fin a sus años, ya no aptos para la guerra, envenenándose con el tejo. Para él es imposible vivir sin la guerra, pues toda la razón de su vida la pone en sus armas, considerando un castigo vivir para la paz.”

Silio Itálico (III, 326-331)
 
Pero el hecho fundamental que querría resaltar es lo sucedido en el cerco del Monte Medulio, 22 a.c.. Los cántabros rodeados por un cerco de 15 millas, prefieren la muerte antes que la esclavitud.

Según cita el historiador romano Floro sobre la batalla:

… “Por último tuvo lugar el asedio del Monte Medullio, sobre el cual, después de haberlo cercado con un foso continuo de quince millas, avanzaron a un tiempo los romanos por todas partes. Cuando los bárbaros se ven reducidos a extrema necesidad, a porfía, en medio de un festín, se dieron la muerte con el fuego, la espada y el veneno que allí acostumbran a extraer de los tejos. Así la mayor parte se libró de la cautividad, que a una gente hasta entonces indómita parecía más intolerable que la muerte …”

Lucio Anneo Floro.

El foso que sirvió para el asedio también aparece citado por Orosio;

“Pues también cercaron con asedio el Monte Medullio, que se alza sobre el río Minio, y en el que se defendía gran multitud de hombres, después de rodearlo con un foso de quince millas de longitud”

Paulo Orosio
 
Éste acontecimiento casi olvidado, y otros similares de los cuales no tenemos constancia, se suma a la cantidad de desarrollos, procesos y realidades históricas de las que se hace oídos sordos o aún peor se menosprecian.
 
El no valorar y analizar adecuadamente las capacidades individuales y colectivas de las sociedades anteriores a la nuestra, denota nuestra decadencia e inmoralidad, puesto que ni podemos mirarnos al espejo de la historia.
 
 
Por desgracia creemos que somos la sociedad casi perfecta con unos pocos detalles a mejorar, pero considero que somos la sociedad más destructiva de lo humano, lo social y lo natural.
 
Espero que este episodio nos anime a ser analíticos y entender las grandes fallas de nuestra sociedad y nosotros mismos, y apreciar las virtudes y valores que el estudio de la historia pone a nuestra disposición.