Sujeto y Victimismo

Sujeto y Victimismo

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Ya resulta normal y cotidiana la despreocupación por la persona, por su calidad y por la transcendencia de su mejora. En el presente todos se olvidan del sujeto: los nacionalismos, los internacionalismos, los feminismos, los animalismos, los populismos y todos los –ismos que nos atormentan a diario.

Nos encontramos en una época de desaparición del sujeto, un páramo donde únicamente pululan seres nada de aquí para allá. No se comprende, ni se quiere comprender, la extensión y profundidad de la destrucción de lo humano. Tampoco se entiende la verdadera aniquilación de la persona, ni hasta qué extremos se ha llegado.

Con estas circunstancias es lógico que la autoconstrucción del sujeto brille por su ausencia en casi todos los proyectos de transformación social. Rebosantes de palabras y deseos bonitos, no obstante vacíos. Es más, me pregunto quién llevará a cabo tales “revoluciones” si no existen personas esforzadas, inteligentes, comprometidas, mínimamente capaces ni aquellas que posean lazos de amor o vínculos trascendentes.

Empero, no faltan los discursos que atacan a los clásicos occidentales, al cristianismo o a el pueblo-pueblos ibéricos que existieron hasta el siglo pasado. Todo lo que contenga contenidos y prácticas que aporten ejemplos positivos para potenciar la virtud personal es maldecido, vilipendiado, desterrado e ignorado.

Además, al mismo tiempo escupimos y renegamos de nuestro pasado. Porque, como dicen nuestros amos, nuestros antepasados eran unos ignorantes, inútiles, crédulos, dóciles y patanes.

Este desprecio hacia el propio pasado y hacia nuestra propia substancia existencial multiplica la autodestrucción. Por ello no nos apreciamos y nos abandonamos al devenir de los acontecimientos, pues ni hemos valido ni valemos para nada. Más aún, en realidad no existimos como espíritu. Sólo somos meros objetos, pasivos, víctimas.

Por doquier contemplamos los discursos y la mentalidad victimista. Víctimas del racismo, colonialismo, capitalismo, patriarcado, españolismo, imperialismo, conspiraciones, nacionalismo, Estado, occidente,…

El discurso que domina a las masas de seres nada es el del victimismo y el paternalismo. Es decir, la mentalidad del esclavo: siempre receptor de desgracias y nunca responsable de nada.

No queremos responsabilidades, esfuerzo, sacrificio, combate ni compromiso con grandes metas, sino ser buenistas, pacifistas y paternalistas con las minorías, inmigrantes, niños, nosotros mismos,…

Sin embargo, no pretendo fomentar el superhombre de Nietzsche, como hacen algunos “revolucionarios”. Por el contrario, lo necesario es autoconstruirnos como sujetos con valores, desinteresados, reflexivos y convivenciales.

Requiere grandes energías y valor el mirarse al espejo para analizarse a uno mismo. Para enfrentarse a nuestros miedos y complejos. Para superarlos. Para aceptar el camino difícil.

Para rechazar el victimismo y elegir autoconstruirse.

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