LENGUAS

LENGUAS

Escrito por J.F.E. Maenza

Con este artículo espero aportar una perspectiva revolucionaria y civilizadora respecto a las lenguas y su uso. Mi modesta aportación al debate sobre este tema anhela que sea una opinión más de las muchas que le sigan.

Ciertamente, la lengua es un aspecto social que ha sido utilizado, aun siendo legítima su discusión política y cultural, en la arena política y mediática por los aparatos estatales, económicos e intelectuales con el fin de manipular al populacho.

Aunque es cierto que es una parte fundamental de la cultura de una comunidad humana, he de decir que es un aspecto secundario. La importancia central reside en la idea-ideas o ideales que guían y constituyen una sociedad, y el significado para las personas que las usan, junto con su práctica.

Además, el lenguaje, o sea los símbolos escritos y sus expresiones sonoras, son signos y formas estandarizadas que se utilizan como referencia a ideas, sentimientos, entes reales, en resumen, realidades materiales e inmateriales. La importancia reside en las realidades a las que se refiere el lenguaje, y la exactitud, precisión, destreza, complejidad, belleza,… con las que se utiliza.

Así, no importa tanto, y nadie puede apropiarse, del uso general de determinadas palabras o conceptos, sino que la clave reside en comprender la realidad detrás de ellos. Para realizarlo, se debe utilizar el entendimiento para profundizar y realizar un meta-análisis de la verdad de las palabras; aspirando a aprehender la realidad por medio de un conocimiento experiencial ateórico.

Por tanto, la palabra amor no la utilizo o entiendo como la banalidad hollywoodiense o la falsedad católica, sino como la verdadera idea revolucionaria del cristianismo primitivo. No importa la lengua en que se ponga, la fuerza radica en la verdad y significación de esa idea universal.

Así se demostró en el mayor movimiento civilizador de la historia, el cristianismo, que usó indiferentemente las lenguas e idiomas existentes, en especial la del Imperio, el latín. Lo importante era la idea del amor y su práctica.

A través del Monacato Revolucionario dio lugar a un movimiento propio de la Península Ibérica, la Revolución de la Alta Edad Media, que, con la idea central del amor por medio de la convivencia y la sociabilidad, creó y fusionó las nuevas ideas y prácticas civilizadoras con algunas de las mejores tradiciones de los pueblos prerromanos, dando lugar a no sólo nuevas lenguas, sino nuevos territorios, costumbres,… en definitiva nuevas culturas. No fue una revolución nihilista; y la futura también debe ser una revolución que tenga en cuenta el pasado, la tradición.

La importancia de la cultura propia, de las propias costumbres, tradiciones, raíces, entornos, gentes,… es incalculable. Igual que la potencia de la cultura, virtudes, valores y metas de una comunidad de hermanos o personas depende de la suma de la potencia y valía individual de cada uno de ellos, así la potencia y valía de la cultura de cada comunidad o pueblo aportará y definirá la potencia y valía de la cultura del mundo en su conjunto, la cultura de la Tierra o universal.

Por tanto, hay que resaltar la valorización de la cultura de cada pueblo, territorio y comunidad, dando fuerza al municipalismo, el pueblo y la aldea, en oposición al interculturalismo, la aculturación y las megaciudades. Esto nos permitirá emprender hermanamientos más universales con la cohesión y firmeza necesarios, sumando e intercambiando conocimientos y valores. Esta debe ser nuestra aspiración, y esta lucha perpetua por conseguirlo nos alejará de las utopías.

Seguramente sea más difícil traducir textos de unos idiomas a otros, y en ocasiones tener que comunicarnos de manera precaria, pero el valor de identificarnos con lo mejor de lo nuestro y de los nuestros, el amor hacia nuestra tierra y los hermanos que residen en ella con nosotros, es el sentimiento e ideal que nos guiará a expandir estas potencialidades hacia dimensiones más alejadas al sujeto. Con  esto podremos, aunque existirá una dificultad creciente en proporción a la lejanía del sujeto con las personas y estructuras con las que se relacione, construir y entrelazar relaciones supralocales, comarcales, regionales,… que sustenten una sociedad relativamente libre.

Por tanto, quizá utilicemos los idiomas que podamos cada uno y nos comuniquemos dentro de las posibilidades de cada cultura y lugar del mundo, pero si somos capaces, puede que en un futuro, se den las posibilidades y tengamos las aptitudes de afrontar nuevos momentos históricos civilizadores y crear nuevas idiomas y culturas, aprovechando lo mejor de las culturas pasadas y presentes.

Por esto mismo, no considero apropiado instaurar una lengua revolucionaria, considero que cada pueblo o comunidad humana, según su tradición y cultura, deberá crear una nueva cultura junto con su lengua. La diversidad será la marca inconfundible de la libertad, la creatividad, el respeto y el amor mutuo. Las ideas e ideales son universales, y son las que, por medio de su práctica, nos guiarán hacia la Revolución Integral.

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