PODER

PODER

El poder puede ser entendido como dominación, coerción, control, autoridad, superioridad, libertad a costa y disminución de la ajena y de muchas maneras más.

Todas estas formas de relacionarse constituyen aspectos de lo humano como ente social, aunque no son únicamente humanas. Podemos observar que en algunos grupos de animales, y determinados mamíferos con capacidades conductuales y cognitivas desarrolladas, se establecen relaciones de poder o dominación (jerárquicas) con mayor o menor flexibilidad.

En nuestro caso, al ser conscientes de nuestra existencia individual, compleja y social construimos una realidad espiritual por medio de la cual somos capaces de comprender, valorar, potenciar, controlar, dirigir o atenuar este impulso o proceso social.

Dependiendo del entorno cultural o ambiente cercano al individuo, éste desarrollará patrones y hábitos de conducta y relacionales, en diferente grado y calidad conforme a las características particulares del sujeto. No creo que exista una tendencia natural al igualitarismo o asamblerismo en una relación de amor y respeto (aunque sí a ciertos grados de cooperación), ni al patriarcado-matriarcado o jerarquía (aunque existan innumerables ejemplos en la historia moderna, con honrosas excepciones).

Este poder o autoridad ofrece una capacidad de acción o maniobra que conlleva una forma de libertad que es obvia, pero debe ser rechazada; permite desarrollar capacidades al ejecutor atrofiando las del receptor o sufridor.

Por tanto, es una actitud, comportamiento, relación social y finalmente aparece como organización estructurada de una comunidad o sociedad, visible en la actualidad. Considero que dada la dificultad de comprometerse con uno mismo a hacerse cargo de su vida espiritual y material, y además comprometerse con una comunidad humana de iguales con criterios de amor, libertad, convivencia y verdad, es muy razonable que aparezcan y proliferen relaciones, y posteriormente estructuras organizadas que se encarguen y responsabilicen de uno, varios o todos los ámbitos que el sujeto y/o comunidad no quieran trabajar y cuidar.

Sin título

Las estructuras de poder en nuestros días controlan por medio de la coerción (física y legal), economía, adoctrinamiento (instituciones de enseñanza y medios de comunicación), intelectualidad, tecnología-ciencia, control del mundo natural, inmoralidad, estrategia, ingeniería social (intervención y destrucción de los aspectos relacionales: familia, trabajo, educación, seguridad, sanidad, cultura, diversión, manufactura de los bienes básicos, propiedad, relaciones interpersonales,…) y desarrollo físico-químico del entorno y los seres biológicos.

Quiero resaltar que más, aunque en la actualidad predomine la impotencia aprendida, ignorancia auto-satisfactoria y miedo omnipresente, que unas personas o estructuras-instituciones corruptas, disfuncionales, malvadas, “poco democráticas” u omnipoderosas, la triste realidad es que el punto de dejación e irresponsabilidad del individuo de prácticamente todos los aspectos de lo humano es el más alto de la historia.

Así entendemos las razones, individuales y sociales, por las cuales se han desarrollado complejas superestructuras de control, dominación, adoctrinamiento, entretenimiento, manutención y organización controlando cada día más ámbitos y detalles de la vida del sujeto.

El mismo sujeto se vuelve cada vez más dependiente, inútil, irresponsable e inconsciente lo que incrementa la dificultad de, aún disminuyendo la presión o incluso desapareciendo en alguno o varios ámbitos, ser capaz de reaccionar positivamente y crear algo cualitativamente mejor.

Cuanto más comprendo la profundidad, dificultad e importancia de este desequilibrio, siento que más necesario, urgente, sacrificado y valioso es el oponerse espiritual, intelectual y éticamente para trabajar, primero por uno mismo, con el fin de contrarrestar y superar la hiperdominación existente.

Finalmente, sólo cuando el sujeto tiene razones, ideales, sentimientos, pasiones, ganas de vivir y construir o realizar cualquier proyecto por sí mismo y en común, éste encuentra sentido a su existencia, y en su ausencia miedo, impotencia, frustración, desidia, resentimiento y odio.

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